DOCUMENTING BUILDINGS
Ramiro Losada con Gonzalo Gutiérrez_MAD_julio 2011

En el siglo XIX la fotografía orientó su foco hacia las ciudades y su arquitectura. Posteriormente con la modernidad, la arquitectura descubrió la fotografía y se alió con ella. Los arquitectos buscaban documentar su arquitectura con imágenes ceremoniosas, reverenciales y solemnes que les impulsara internacionalmente, cuando la realidad en muchos casos era totalmente diferente. Fotógrafos como Julius Shulman lucharon (incluso contra el enojo de arquitectos como Richard Neutra) para evitar los solemnes espacios vacíos, atemporales, sin clima, y en definitiva sin la cotidianidad del día a día. La fascinación objetual de la modernidad permitió que fuera fácilmente retratada mediante la fotografía, llegando entonces a una perfección técnica este medio documental.
La historia del cine tiene un desarrollo gradual a lo largo del siglo XX. Desde sus inicios, el cine nació cosido a las artes y sirvió como herramienta de estas. La arquitectura fue escenario de muchas películas. Solo fue protagonista como cine documental y no como escenario en el cine de ficción en el último cuarto del siglo XX. Si el cine ha existido durante todo el siglo XX, ¿por qué en las últimas décadas es cuando la arquitectura le reclama y se hace cine documental de arquitectura? ¿Por qué la arquitectura moderna no demandó documentales cuando la técnica cinematográfica ya existía como reflejan películas como Metrópolis (1927) o El Hombre de la Cámara (1929)? Las evidencias nos dicen que la nueva arquitectura reclama cine, porque la fotografía no es suficiente para documentar sus características, como si lo fue para la modernidad.
El espacio es la principal característica común entre arquitectura y cine. La arquitectura moderna intentó conseguir un lenguaje universal reconocido a nivel global. Sentenciaba que el espacio era su origen, su esencia, “la arquitectura es el arte del espacio”. Por ello es sencillo filmarla en cine, que no en documentales. Sin embargo, rodar en un espacio contemporáneo es más complejo. El espacio contemporáneo es resultado y consecuencia (a diferencia del espacio moderno). Por ello, rodar en el cine implica explicarlo primero, y después, una vez entendido por el espectador, realizar la acción o trama. El cine si no se explica, no se concibe. Dicho esclarecimiento no interesa a los directores en su narración. La arquitectura contemporánea está divorciada del cine, pero no así de la publicidad, con la que este medio consigue asociarse a una imagen de progreso. Cuando el cine ha explicado el espacio contemporáneo, se ha convertido en cine de no-ficción contemporánea, es decir, en documentales de arquitectura. Género que no niega la fotografía. Pero intenta hacerse notar y permite confirmar que existe otro tipo de medio en movimiento mas allá de la instantánea rígida e inmóvil para explicar la arquitectura contemporánea.
Pero el documental de arquitectura se ha malinterpretado, como poco más que una imagen en movimiento, una fotografía que realiza un interesante travelling o la experiencia virtual de estar delante del edificio y recorrer fragmentos de él. El boceto habitual del cine documental de arquitectura es el de un lento movimiento de la cámara, hilado mediante una música clásica, con algunas visiones generales o planos mas cortos de algún detalle constructivo ingeniosos. Pero la no-ficción, a través de diferentes variaciones de la narración con elementos audiovisuales, como es el montaje nos transmite más que una imagen: nos permite transmitir ideas, sentimientos, sensaciones y vivir la experiencia mas allá del retrato.
Las particulares analizadas para la arquitectura llamada contemporánea rara vez se pueden documentar con fotografía, ya que se pierde la riqueza, movimiento, composición, ideología, pensamiento, etc. Arquitectos como Rem Koolhaas han recurrido a variopintas herramientas mas allá de la fotografía para contar su arquitectura. Desde imágenes de cámaras de seguridad a juegos ópticos, pasando por documentales, le han valido al holandés para narrar las posibilidades de su arquitectura. Todas estas técnicas tienen en común su vehículo de viaje, Internet.
El factor que más ha marcado el cambio de siglo ha sido, seguramente, la globalización efectiva del planeta y ello ha traído consigo el incremento de las nuevas tecnologías, que han modificado el mundo donde vivimos. En la actualidad, la información mas valorada es la audiovisual, un mecanismo globalizador comprendido por la mayoría de las culturas y cuya vía mas importante de transmisión es www.youtube.com. Pero no sólo digitalmente ha cambiado la sociedad; los modos de ver también son distintos. La nueva mirada de la sociedad, muy distante de la de principio de siglo, hiper-conectada e instantánea y acostumbrada a estímulos constantes, ayuda a la introducción del documental contemporáneo en la sociedad. La línea divisoria entre documentales y películas de ficción hoy en día es tan delgada que apenas se aprecia. Ha surgido un cine rebelde, al margen de los circuitos comerciales, y demandado por la nueva mirada de la sociedad, que no tiene que ver con ideologías; está mas ligado al individualismo y las emociones que al compromiso y las ideas. Es aquí donde la no-ficción contemporánea de arquitectura se debe asentar.
Los lenguajes arquitectónicos y cinematográficos, aunque similares y afines, son lejanos el uno del otro. Los arquitectos no usan el lenguaje audiovisual para hablar de su obra con la misma facilidad e inmediatez con que usan el dibujo, maquetas, fotografías, escritura o medios digitales. El cine plantea un tipo de comunicación mucho mas compleja y difícil de dominar. Por ello, hasta que no se produzcan binomios importantes ente directores de cine y arquitectos contemporáneos como ocurría con los fotógrafos y arquitectos en la modernidad, no se podrá madurar la documentación audiovisual de arquitectura, ni saber si la cámara cinematográfica cambiará la manera de percibir la arquitectura, como hizo la fotografía con la arquitectura moderna.
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